El tatami fue el escenario de una batalla donde cada movimiento podía cambiar la historia. Concentrado, firme y con la mirada puesta en el podio, Christopher Josué Salazar Huamaní, estudiante del cuarto ciclo de Ingeniería de Software de la Facultad de Ingeniería de Sistemas e Informática de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, protagonizó uno de los combates más intensos del IV FISU America Games Lima 2026. Tras un duelo definido por apenas un punto de diferencia frente a un representante de República Dominicana, el sanmarquino conquistó la medalla de bronce en karate-do, sumando una nueva alegría para la delegación de la Decana de América.
La emoción del triunfo fue el reflejo de un camino iniciado cuando apenas tenía siete años. Fue su hermano quien lo acercó por primera vez al karate, sin imaginar que, años después, aquella pasión infantil lo llevaría a defender los colores de San Marcos en el torneo universitario más importante del continente.
Pero detrás del metal no solo hubo talento. Hubo madrugadas de estudio, entrenamientos extenuantes y la convicción de que cada sesión representaba un paso más hacia el objetivo. Christopher reconoce que el respaldo de sus compañeros y del Centro de Deportes de la universidad fue determinante para llegar en óptimas condiciones.
"Fue un gran apoyo tener a mis compañeros de la misma universidad, poder entrenar con ellos. Me sirvió muchísimo para este día", comentó al recordar la preparación previa a la competencia.
Dominar la presión para alcanzar el podio
Competir en casa, frente a un público que esperaba grandes resultados, significó un reto adicional. La presión estuvo presente desde el inicio del combate.
"Al comienzo estuve un poco frío, la presión a veces te puede cegar, pero luego fui soltándome y pude rendir", recordó el deportista, quien supo mantener la calma en los momentos decisivos para asegurar el triunfo que lo llevó al podio continental.
Aunque confesó que soñaba con disputar la final, la satisfacción por obtener una medalla representando a su universidad terminó imponiéndose.
"Me siento muy feliz y orgulloso... porque es San Marcos, simplemente eso, San Marcos", expresó con emoción, dejando en claro el significado que tiene para él vestir los colores de la universidad más antigua de América.
Entre aulas y entrenamientos
La vida de Christopher transcurre entre las clases universitarias y el dojo. Mientras las mañanas están dedicadas a su formación como futuro ingeniero de software, las tardes y noches son reservadas para perfeccionar su técnica y fortalecer su preparación física.
Esa disciplina le ha permitido demostrar que el alto rendimiento deportivo y la excelencia académica pueden avanzar de la mano cuando existe compromiso y perseverancia.
La meta continúa
La medalla de bronce no representa un punto de llegada, sino el impulso para nuevos desafíos. En el horizonte aparecen el Campeonato Metropolitano y futuras competencias sudamericanas y panamericanas, donde Christopher buscará seguir llevando el nombre de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a lo más alto.
Con la humildad que caracteriza a los grandes deportistas, también dejó un mensaje para quienes sueñan con destacar en el deporte universitario.
"Que simplemente se esfuercen y se diviertan. Hay que repetir, repetir y repetir. En algún momento llegan los resultados. Hay que disfrutar haciendo lo que a uno le gusta", señaló.
Antes de despedirse, dedicó el logro a las personas que lo acompañaron en cada paso del camino: su madre, su hermano, su entrenador César Vernaza y, por supuesto, a San Marcos , la universidad que hoy celebra junto a él una medalla forjada con esfuerzo, pasión y un inquebrantable espíritu sanmarquino.