Bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, este viernes 16 de octubre se conmemora, en más de 150 países, el Día Mundial de la Alimentación. En esta fecha, la docente de la Escuela Profesional de Nutrición de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Jannet Carolina Anton Huiman, analiza los principales desafíos de la malnutrición y la seguridad alimentaria, y plantea acciones para garantizar a la población el derecho a acceder a una alimentación saludable y de calidad.
“Una alimentación saludable debe ser suficiente, equilibrada, variada, inocua, adecuada y accesible. No se trata simplemente de comer más o menos, sino de consumir alimentos que respondan a las necesidades nutricionales de cada persona y contribuyan a su bienestar físico, mental y social”, asegura la doctora Anton.
Por ello, recomienda priorizar alimentos naturales o mínimamente procesados, como frutas, verduras, menestras, cereales integrales y otros alimentos nutritivos propios de nuestras regiones; consumir agua segura y limitar los productos con exceso de azúcar, sodio y grasas saturadas.
Sin embargo, la docente sanmarquina enfatiza que una alimentación saludable no debe entenderse como una dieta restrictiva ni como un modelo único para todas las personas, sino que debe ser sostenible, agradable, culturalmente pertinente y posible de mantener a lo largo de la vida.
“Por esa razón, además de enseñar qué alimentos debemos consumir, es necesario generar las condiciones para que las personas puedan adquirirlos, prepararlos y disfrutarlos; es así que la educación nutricional es fundamental, pero debe ir acompañada de entornos que faciliten las decisiones saludables”, subrayó.
El desafío de la malnutrición en el Perú
La nutricionista sostiene que uno de los grandes desafíos del Perú en salud pública es combatir simultáneamente las distintas formas de malnutrición, como la desnutrición crónica infantil y la anemia, así como el sobrepeso y la obesidad.
Según los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025, publicados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en 2026, la desnutrición crónica afectó al 12,1 % de los niños menores de cinco años. La situación fue más desfavorable en el área rural, donde alcanzó el 21,7 %, frente al 7,9 % del área urbana.
Asimismo, la anemia afectó al 34,9 % de los niños de 6 a 35 meses, con una prevalencia del 43,2 % en el área rural y del 31,5 % en la urbana. Para la investigadora, estas cifras muestran la persistencia de brechas importantes y la necesidad de fortalecer las intervenciones dirigidas a la primera infancia.
Frente a esta realidad, Anton Huiman considera prioritario impulsar cinco acciones. La primera consiste en fortalecer la prevención desde la gestación y los primeros años de vida. “Se debe asegurar una atención prenatal adecuada, promoviendo la lactancia materna, orientando sobre alimentación complementaria, vigilando el crecimiento y desarrollo infantil y mejorando la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la anemia”, indicó.
También considera necesario promover una alimentación saludable durante todo el curso de vida. “Esto implica favorecer el consumo de alimentos naturales o mínimamente procesados, frutas, verduras, menestras, cereales integrales y fuentes saludables de proteínas, además de reducir el consumo habitual de productos con exceso de azúcar, sodio y grasas saturadas”, señaló.
Otra acción urgente es la transformación de los entornos alimentarios. “Las escuelas, universidades, mercados y centros laborales deben facilitar el acceso a alimentos nutritivos, agua segura y espacios para la actividad física. No podemos pedir a las personas que elijan alimentos saludables si estos son inaccesibles por su precio o disponibilidad”, opinó.
De acuerdo con la catedrática de la UNMSM, se requiere, además, fortalecer la educación alimentaria y nutricional. “Necesitamos desarrollar capacidades para que las personas comprendan sus necesidades nutricionales, interpreten el etiquetado de productos, preparen alimentos de manera segura y tomen decisiones informadas. Esta educación debe ser práctica, participativa y adaptada a las características culturales de cada población”, explicó.
Finalmente, aconsejó articular las políticas públicas y evaluar sus resultados. “Los sectores de salud, educación, agricultura y desarrollo social deben trabajar coordinadamente. Además, las intervenciones necesitan indicadores que permitan determinar si realmente están mejorando el estado nutricional de la población y reduciendo las desigualdades”, enfatizó.
Sobre la seguridad alimentaria nacional
Otro desafío prioritario para nuestro país es la seguridad alimentaria, que existe, según la Dra. Anton, cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que les permitan satisfacer sus necesidades y llevar una vida activa y saludable.
De acuerdo con la primera medición oficial de inseguridad alimentaria basada en la escala FIES (por sus siglas en inglés, Food Insecurity Experience Scale, o Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria), presentada por el INEI con asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en junio de 2026, el 30,5 % de la población peruana, es decir, aproximadamente tres de cada diez personas, experimentó inseguridad alimentaria moderada o severa durante 2025.
“Esta situación nos demuestra que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de cuánto producimos, sino también de cómo se distribuyen los alimentos, cuánto cuestan y qué posibilidades tienen las familias de acceder a ellos”, declaró.
Para fortalecer la seguridad alimentaria nacional, la especialista propuso brindar asistencia técnica, acceso a financiamiento, tecnologías apropiadas y mejores oportunidades de comercialización a los pequeños productores, con el fin de fortalecer la agricultura familiar y la producción sostenible.
Del mismo modo, exhortó a mejorar el acceso económico a los alimentos. La profesora Anton citó como ejemplo el caso de una familia que puede disponer de alimentos en su localidad y, aun así, no tener recursos suficientes para comprarlos.
“Por eso, se requieren políticas que contribuyan a reducir la pobreza, mejorar los ingresos familiares y facilitar el acceso a alimentos nutritivos, especialmente en las poblaciones más vulnerables”, precisó.
Otra de sus recomendaciones apunta a fortalecer los programas sociales y de alimentación. “Las intervenciones dirigidas a niños, gestantes, adultos mayores y familias en situación de vulnerabilidad deben garantizar calidad nutricional, inocuidad, pertinencia cultural y una adecuada supervisión”, afirmó.
De manera complementaria, la experta estimó conveniente invertir en agua segura, saneamiento e infraestructura, así como fortalecer la prevención y la respuesta ante emergencias, ya que las sequías, inundaciones, heladas y otras emergencias pueden afectar la producción, elevar los precios y limitar el abastecimiento de alimentos.
Adicionalmente, instó a articular esfuerzos entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil, con una participación importante de las instituciones de educación superior.
“En este aspecto, las universidades pueden contribuir mediante investigaciones, innovación tecnológica, formación profesional, vigilancia nutricional y proyectos de responsabilidad social que respondan a las necesidades concretas de las comunidades”, remarcó.
Para la Dra. Jannet Anton, el Día Mundial de la Alimentación es una fecha de reflexión que debe impulsarnos a asumir un compromiso concreto con el presente y el futuro del país, tomando en cuenta que disponemos de una gran riqueza de recursos naturales, conocimientos ancestrales, biodiversidad y capacidades profesionales.
“El reto es convertir esas fortalezas en oportunidades reales para la población. Desde mi labor como nutricionista y docente universitaria, creo firmemente que debemos formar profesionales con conocimientos científicos, sensibilidad social y capacidad crítica, comprometidos con la búsqueda de soluciones sostenibles”, recalcó.
Tras destacar que la educación, la investigación y el trabajo articulado con las comunidades son herramientas fundamentales para avanzar hacia ese objetivo, la docente sanmarquina expresó una reflexión final:
“Alimentar no es solamente proporcionar alimentos, es proteger la salud, promover la dignidad humana y generar oportunidades para que cada persona pueda desarrollar plenamente sus capacidades. Ese es el compromiso que debemos asumir hoy para construir un Perú más saludable, equitativo y sostenible.”
Sobre el Día Mundial de la Alimentación
El Día Mundial de la Alimentación se celebra cada 16 de octubre, en conmemoración de la fundación de la FAO en 1945. Esta fecha, establecida en 1979 y conmemorada desde 1981, tiene como propósito concienciar sobre el problema del hambre en el mundo, fomentar la seguridad alimentaria y promover dietas saludables y sostenibles.
Este año tiene como lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, que destaca el papel de la ciencia, la tecnología, la innovación y los conocimientos tradicionales para transformar los sistemas agroalimentarios, hacerlos más eficientes, inclusivos y resilientes, y garantizar el acceso a una alimentación nutritiva para toda la población sin agotar los recursos del planeta.