A pocos días del examen de admisión 2027-I de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), miles de postulantes se preparan para afrontar una de las pruebas más importantes de su etapa académica. Sin embargo, la expectativa por alcanzar una vacante no solo genera emociones en los jóvenes, sino también en sus familias, cuyo acompañamiento puede representar un importante soporte emocional o convertirse en una fuente adicional de presión.
Para muchos padres, el proceso de admisión implica un esfuerzo compartido. Algunos acompañan a sus hijos desde la madrugada, viajan desde provincias y expresan su respaldo mediante abrazos, palabras de aliento y muestras de afecto. No obstante, este apoyo también puede generar en los postulantes el temor de defraudar las expectativas familiares, especialmente cuando existen sacrificios económicos y emocionales asociados a su preparación.
El psiquiatra sanfernandino, Dr. Juan Alberto Perales Cabrera, advierte que la presión familiar excesiva puede afectar emocionalmente a los jóvenes y jugar en su contra al momento de rendir el examen.
“Psicológicamente, la familia constituye el mayor soporte de todo joven para sentirse protegido y procesar cualquier estado de estrés. Si la familia lo presiona excesivamente, deja de ser un apoyo y se convierte en exigencia, en un factor de estrés más”, manifiesta.
Según el especialista, una presión familiar excesiva puede abrumar al estudiante y llevarlo a dudar de sus propias capacidades. En ese sentido, el psiquiatra, quien participó recientemente en el conversatorio «Salud mental en las universidades: desafíos, prevención y respuestas para el bienestar estudiantil», explica que brindar respaldo no significa asumir las responsabilidades del postulante.
“Hay que apoyarlo en los problemas de la vida en general, pero no sobreprotegerlo para que vaya aprendiendo a lidiar con su responsabilidad de desenvolverse solo”.
Asimismo, el especialista destaca la importancia de que las familias comprendan que un resultado adverso también puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento personal.
“Los fracasos pueden enseñar mucho y ser motivo de maduración emocional y crecimiento personal, siempre y cuando la familia, no por ello, retire al estudiante su cariño por haber fallado. La Universidad debe crear vínculos de relación con las familias para orientarlas en cómo actuar en tales situaciones”.
El peligro de la sobreprotección: «Le restamos fuerza de combate»
El Dr. Perales también reflexiona sobre el acompañamiento de los padres a sus hijos hasta las puertas de la Universidad el día del examen. Si bien precisa que esta conducta no puede calificarse por sí misma como buena o mala, considera importante analizar cuándo el respaldo familiar puede convertirse en sobreprotección.
“Muestra que la familia siente la necesidad de estar, si fuera posible, al costado del estudiante dando examen. Tal conducta es sobreprotectora, tratando al joven como si fuera un niño. Al adolescente hay que educarlo para generarle autoconfianza y fortaleza anímica; prepararlo a enfrentar sus problemas para que gradualmente aprenda a superarlos. De no ser así, enseñarle a procesar la frustración y aprender a crecer. Si la familia lo sigue protegiendo, le restamos fuerza de combate”, remarca.
Desde esta perspectiva, el especialista considera que el proceso de admisión también permite reflexionar sobre la formación emocional que los jóvenes han recibido en su entorno familiar y sobre la importancia de desarrollar autonomía, confianza y capacidad para afrontar situaciones difíciles.
Confianza y resiliencia: más allá de los conocimientos
La preparación académica es fundamental para afrontar el examen de admisión. Sin embargo, el especialista destaca que la confianza personal y la capacidad de superar las dificultades también cumplen un papel importante en el desarrollo de los postulantes.
En ese sentido, señala que no alcanzar una vacante en el primer intento no debe interpretarse como una limitación definitiva para el futuro académico o profesional del joven.
“El joven debe saber que si mejora sus técnicas de preparación afrontará los retos en mejores condiciones, y de no conseguir el éxito en la primera, aumentará sus probabilidades en la próxima oportunidad. Por ello es más importante que la buena educación se oriente a formarlo como persona, y supere la niñez. Su seguridad personal lo convertirá en un excelente profesional”, sostiene.
El respaldo familiar debe mantenerse en las buenas y en las malas
Otro aspecto que aborda el psiquiatra es la carga emocional que pueden experimentar los postulantes cuando sus familias depositan en ellos expectativas de progreso económico y social.
En algunos casos, estas expectativas pueden traducirse en reproches relacionados con la inversión realizada durante la preparación académica, especialmente cuando el resultado del examen no es el esperado.
“Hay padres que lo primero que hacen es decirle ‘mira cuánto me has costado’. Reaccionan así porque ponen en el hijo todas las esperanzas de que la familia cambie su status social con un profesional en la familia. No se trata de eso, se trata de buscar que el hijo se desarrolle para su propio desarrollo emocional y al florecer como persona, generará riqueza psicológica, social, espiritual y económica”, precisa.
Finalmente, el Dr. Perales expresa su preocupación por las dificultades emocionales, intelectuales y personales que, según sus investigaciones, presentan algunos jóvenes al culminar la etapa escolar. Frente a esta situación, plantea la necesidad de fortalecer el acompañamiento durante la transición hacia la educación universitaria.
“La universidad debiera investigar cómo reducir la brecha del salto cualitativo del estudiante escolar a universitario, buscando fórmulas que resuelvan el problema, para que puedan convertirse no solo en buenos profesionales sino, particularmente, en buenas personas. Así ganamos todos, incluyendo la sociedad y el país”, sentenció.