Este 8 de octubre se conmemoran 147 años del Combate de Angamos, gesta heroica de la Guerra del Pacífico (1879-1884), que llevó a la inmortalidad la figura y el legado de Miguel Grau Seminario. El profesor de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), José Chaupis Torres, analiza minuciosamente este episodio bélico y pondera la integridad y el heroísmo del llamado “Peruano del Milenio” en defensa de la patria.
Antecedentes
Según narró el historiador sanmarquino, al inicio de la guerra, Perú y Chile sabían que controlar el mar era indispensable para transportar tropas y asegurar la victoria. Después del combate de Iquique, en mayo de 1879, donde el monitor Huáscar hundió a la Esmeralda y la Independencia encalló mientras perseguía a la Covadonga, se estableció un patrón operacional naval peruano que se mantuvo hasta octubre.
Así, el Huáscar y buques menores como la Unión y la Pilcomayo incursionaron en el litoral boliviano y chileno, atacando sus puertos y capturando, en la medida de lo posible, sus naves. Casi todo el comercio marítimo chileno fue paralizado y varias embarcaciones fueron capturadas y hundidas, sin perjudicar significativamente a las peruanas. Uno de los hechos más resaltantes fue la captura del transporte chileno Rímac.
Con un solo monitor blindado de vieja tecnología, destacó el docente, Grau logró contener a toda la escuadra chilena. Mediante tácticas de guerrilla naval, con ataques rápidos, retiradas estratégicas y misiones de inteligencia, impidió que Chile iniciara la invasión terrestre. Además, su genialidad militar estuvo acompañada de una conducta ética inquebrantable.
“Tras hundir a la corbeta chilena Esmeralda en Iquique, Grau ordenó salvar a los marinos chilenos que se ahogaban. Para el pueblo peruano, Grau era el símbolo viviente de que era posible resistir”, remarcó.
Desarrollo del combate
Sin embargo, de acuerdo con el doctor Chaupis, para octubre de ese año, Grau era plenamente consciente de la situación apremiante y desventajosa en la que se encontraba.
“Sabía perfectamente que las condiciones materiales del Huáscar eran deplorables, tras meses de campaña sin mantenimiento, y que la nueva estrategia chilena consistía en una emboscada con buques más rápidos y potentes, como el Blanco Encalada y Cochrane”.
Al verse sorprendido en la madrugada del 8 de octubre, Grau ordenó a la corbeta Unión, un buque rápido, pero sin blindaje, que aprovechara su velocidad para escapar hacia el norte.
“Sabía que retenerla era condenarla a la destrucción. Cumplió con éxito este objetivo, salvando esa unidad para el Perú”, declaró.
Lejos de retirarse, Grau asumió el combate en total inferioridad de condiciones. La muerte lo sorprendió en los primeros minutos del enfrentamiento, en la torre de mando del Huáscar, alcanzado por un proyectil del Cochrane.
“Su muerte temprana marcó el destino de la batalla, pero su decisión de pelear hasta el final consolidó su paso a la inmortalidad”, subrayó el catedrático.
A decir del especialista, el Combate de Angamos fue el punto de inflexión definitivo de la Guerra del Pacífico, porque marcó el fin de la campaña marítima y otorgó a Chile el control absoluto del mar.
“Sin el Huáscar, que además fue capturado, reparado e incorporado a la escuadra chilena, el mar quedó completamente abierto para el enemigo”, declaró.
Apenas semanas después del combate, las tropas chilenas pudieron desembarcar de forma segura en Pisagua, en noviembre de 1879, dando inicio a la invasión del territorio sur peruano: Tarapacá, Tacna y Arica.
La conmemoración de Angamos y el legado de Grau
Por lo expuesto, para Chaupis Torres, la conmemoración anual del Combate de Angamos, cada 8 de octubre, es una de las fechas más trascendentales para el Perú porque no celebra una victoria militar, sino la victoria de los valores, la dignidad y la identidad nacional sobre la adversidad.
“Angamos funciona como un punto de encuentro que unifica a todos los peruanos bajo un mismo sentimiento de orgullo y respeto. Recordar a Grau es recordar al ‘Caballero de los Mares’, quien enseña a las nuevas generaciones que, incluso en las situaciones más extremas, como una guerra o crisis profunda, es obligación de un ciudadano mantener la humanidad, la honestidad y el respeto por el prójimo”, encomió.
En esa línea, el historiador considera que el legado del héroe nacional para las nuevas generaciones se fundamenta en el honor, el sentido del deber llevado al extremo y la dignidad inquebrantable ante la adversidad.
“Su legado recuerda que la empatía, el respeto por la dignidad humana y la ética deben prevalecer en cualquier situación. En un momento histórico de profundas divisiones políticas y sociales en el Perú, la figura de Grau emergió como un elemento unificador. Hoy en día, el almirante es considerado unánimemente como el ‘Peruano del Milenio’, un referente de integridad que inspira a buscar la cohesión social por encima de los intereses particulares”, sentenció.
Sabías que…
La tripulación del monitor Huáscar reflejaba una notable diversidad, destacando la presencia de marinos extranjeros, principalmente británicos, en puestos técnicos clave y un alto porcentaje de combatientes afroperuanos que defendieron el buque con gran valentía.
Investigaciones históricas sugieren que cerca del 40 % de la tripulación en cubierta tenía ascendencia afroperuana. El rostro más célebre de esta herencia afroperuana es Alberto Medina, quien, con apenas 17 años, se embarcó en el Huáscar y combatió en Angamos al lado de Miguel Grau.
Hasta el día de hoy, en el Congreso de la República del Perú hay una curul con el nombre de Miguel Grau Seminario y, al inicio de cada sesión legislativa, se pasa lista diciendo su nombre, a lo que todos los congresistas responden al unísono: “¡Presente!”.