Docente de la Facultad de Educación de la UNMSM, sostiene que la regulación debe promover un uso responsable de la tecnología y fortalecer las capacidades cognitivas de los estudiantes.
La regulación del uso de celulares en las instituciones educativas puede contribuir a fortalecer la concentración, la interacción entre estudiantes y docentes y el aprovechamiento de las horas destinadas al aprendizaje, sostuvo la Dra. Esther Velarde, docente de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), quien planteó la necesidad de recuperar la denominada “cultura del esfuerzo” en el proceso educativo.
Tras comentar el Reglamento de la Ley N° 32385, que establece restricciones para el uso de estos dispositivos en los colegios, la especialista señaló que la medida debe ser entendida no solo como una regulación, sino como una oportunidad para promover actividades que involucren directamente las capacidades intelectuales de los estudiantes, como la lectura, la escritura, las matemáticas, la resolución de problemas y los experimentos.
“Lo que debemos recuperar es el ejercicio de la actividad intelectual que implica la adquisición y el proceso del aprendizaje, funciones que progresivamente se han delegado a los dispositivos digitales. Se trata de fortalecer nuevamente aquellas capacidades que dependen del esfuerzo y del razonamiento humano”, sostuvo.
La Dra. Velarde explicó que uno de los principales desafíos de la educación actual consiste en lograr que los estudiantes desarrollen una relación responsable y equilibrada con la tecnología. En ese sentido, consideró que el uso excesivo de dispositivos digitales puede desplazar actividades fundamentales para el desarrollo de competencias relacionadas con la lectura, las matemáticas y las ciencias.
“Algunos especialistas que han analizado los resultados de la prueba PISA consideran que uno de los factores asociados al retroceso en determinadas competencias es la reducción de lo que denominamos cultura del esfuerzo”, señaló.
En esa línea, remarcó que el objetivo no debe ser retirar completamente la tecnología del ámbito educativo, sino enseñar a los estudiantes cuándo, cómo y para qué utilizarla. “El celular también puede convertirse en una herramienta útil cuando su empleo responde a objetivos pedagógicos claramente definidos”, afirmó.
Asimismo, la docente sanmarquina consideró positivo que las disposiciones contemplen situaciones excepcionales en las que sí se permite el uso de estos dispositivos. Entre ellas se encuentran las actividades de enseñanza y aprendizaje, siempre que exista una finalidad educativa y la autorización correspondiente, así como situaciones vinculadas con barreras educativas, problemas de salud, discapacidad y emergencias.
“Esto demuestra que el propósito de la regulación no es excluir los dispositivos tecnológicos del aula, sino promover un uso pedagógico, responsable y equilibrado”, indicó.
La especialista agregó que, cuando se empleen con fines educativos, los dispositivos deben contribuir al desarrollo de las competencias previstas en el Currículo Nacional y favorecer un uso crítico, creativo, seguro y responsable de los entornos virtuales.
Educación con el ejemplo
Para la Dra. Velarde, la aplicación de la norma debe estar acompañada de una estrategia educativa que involucre a docentes, estudiantes y familias. En ese proceso, consideró fundamental que padres y maestros eduquen con el ejemplo y demuestren que es posible regular el tiempo destinado al uso de celulares, computadoras, internet y redes sociales.
“Debemos demostrar en casa y en la escuela que somos capaces de regular nuestro tiempo frente a la tecnología y dar prioridad a los vínculos humanos, como escuchar, dialogar y compartir actividades familiares, así como desarrollar actividades intelectuales que nos permitan pensar, razonar y resolver problemas”, explicó.
Asimismo, destacó la importancia de incorporar principios como el respeto y la empatía en la convivencia escolar, especialmente frente a situaciones de ciberbullying, que pueden generar consecuencias negativas en el bienestar emocional de niños y adolescentes.
“Debemos utilizar la tecnología de manera mesurada y responsable, poniendo por delante un principio ético fundamental: el respeto al otro, e incentivando la empatía, tan importante para prevenir el ciberbullying y fortalecer una adecuada convivencia escolar”, manifestó.
En ese sentido, sostuvo que toda regulación debe estar orientada al desarrollo integral de los estudiantes y al fortalecimiento de sus capacidades cognitivas, emocionales y sociales. “Una mejor convivencia también favorece el aprendizaje y contribuye a formar estudiantes con mayores competencias para afrontar los desafíos de su entorno”, añadió.
Finalmente, la Dra. Esther Velarde remarcó que la regulación del uso de celulares representa una oportunidad para replantear la relación entre educación y tecnología, sobre la base de la autorregulación, la exigencia cotidiana que demanda el aprendizaje y el fortalecimiento de las capacidades intelectuales.
“Más que una prohibición, debe ser un acto de concientización sobre la importancia de que el cerebro piense. No se trata de rechazar la tecnología, sino de utilizarla para potenciar las capacidades humanas y evitar generar dependencia de ella”, concluyó.