El pasado 17 de julio se estrenó en la pantalla grande un clásico, ‘La Odisea’ de Homero abordada por Christopher Nolan. El viaje de Odiseo se examina a través de lentes críticos como la antropología cultural, la estructura narrativa, la psicología y la política de la Grecia antigua.
El cineasta británico-estadounidense tardó cerca de 20 años en concretar esta ambiciosa adaptación de la obra de Homero, con un reparto multiestelar de Hollywood.
La película, que contó con un presupuesto de casi 250 millones de dólares, ha generado opiniones polarizadas tras su estreno. Parte del público alaba la espectacularidad visual y las actuaciones de Damon y Holland. No obstante, ha recibido críticas de expertos, quienes acusan al guion de priorizar el ritmo frenético y la escala visual por encima de la profundidad dramática y la fidelidad a los arcos de los personajes de la obra original.
Ver esta obra es valioso porque fomenta el estudio crítico de los mitos clásicos grecolatinos y permite debatir sobre la adaptación y traducción de textos ancestrales a los lenguajes visuales modernos. Y en San Marcos, la proyección de ‘La Odisea’ no ha pasado desapercibida.
Pudo ser mejor
Fernando Muñoz, docente de Filosofía, considera que “una vez más el séptimo arte, esta vez por la adaptación de Christopher Nolan, desperdicia una gran oportunidad para presentar el mundo de los griegos y sus valores, muy dispares a la actual cultura humana, muy influenciada por los valores judeocristianos, tanto tradicionales trascendentales como los actuales, que han devenido en excesivamente terrenales y mercantilistas”.
“La película logra ser un gran espectáculo visual para toda la familia y en nuestro caso, un buen entretenimiento para fiestas patrias. Sin embargo, de manera superficial y tímida se trata la íntima relación entre los mortales y sus dioses; por ejemplo, la pálida compañía y asistencia de Atenea al astuto Odiseo y también el reiterado recuerdo a la ‘ley de Zeus’, la hospitalidad, uno de los valores fundamentales para la convivencia humana, hoy día, muy descuidada para con los miembros de la familia y los vecinos u ‘otros’”, precisa.
“Por otro lado, Ulises, regresa a su tierra, su nicho ecológico, pues todos regresan a la tierra donde nacieron, a su casa, encontrarse con los suyos: su mujer, su hijo, sus esclavos y su perro. Todos le son fieles, pero él no lo es, pese que también los ama y extraña. Goza del placer sexual con Calipso, sin remordimientos, pero Nolan le quita la memoria...por sus prejuicios cristianos-protestantes. Y Odiseo, después de disfrutar a sus anchas, también renuncia a las riquezas materiales que se ofrecen e incluso está dispuesto a sacrificar a otros por lograr sus objetivos, muy humano, egoísta sin pesadumbres... la vida es así de cruel, aspecto que también tímidamente se trata en la película”, destaca.
“Y quizás la más absurda ‘libre interpretación’ del cineasta contemporáneo, es el descenso al Hades. Odiseo ve salir del subsuelo a los muertos, cuando sus almas-humo-nada permanecen en el inframundo, en la versión homérica. La vida, la auténtica está bajo el sol, en el presente efímero que hay que vivirlo virtuosamente, como humano respetando valores, leyes...una de ellas el cuidado de la familia a la que retorna pese a toda la odisea que haya vivido”, dice.
“En la versión homérica, Penélope astutamente interroga al héroe y él responde entre otras cosas que su lecho donde va a descansar es inamovible, pues está hecho sobre el tronco de un gigantesco árbol que él cortó y de cuya construcción sabían él, Penélope y Euriclea. La fiel y perspicaz esposa se lanzó a sus brazos... en un final, sumamente emotivo que Nolan, no supo aprovechar como otros tantos. Y para finalizar, lo más estúpido del filme es presentar a las mujeres más importantes, de color negro... mejor dicho, para no parecer racista, ‘embetunadas’, en ese afán de buscar la inclusión, por suerte no se les ocurrió hacer flamear alguna bandera multicolor”, sentencia.
El Odiseo de Matt Damon
Mónica Delgado, crítica de cine y docente de la EP Comunicación Social asegura que “el film de Nolan ha devenido en un comentario sobre el agotamiento de un modelo civilizatorio, más que en una propuesta novedosa por actualizar el mito homérico, más aún considerando las oportunidades que implica contar con presupuestos altísimos y tecnología de primera”.
“Estamos lejos de las sutilezas y simplezas de las miniseries de Franco Rossi o Andrei Konchalovsky, o del largo de 2024 de Uberto Pasolini. La Odisea de Nolan, como fenómeno de redes sociales, es un dispositivo para afirmar una tesis preconcebida, reduciendo la riqueza hermenéutica del poema a una calculada elegía sobre el derrumbe moral del siglo XXI”, sostiene.
Espectacularidad hollywoodense
Finalmente, Christian Wiener, profesor de audiovisuales de la Escuela de Comunicación, sugiere a quienes vean la película que se trata de eso, una película, “no es la obra de Homero, es una interpretación de la obra de Homero. Hay que entenderla desde esa lógica, es una ficción. Es un gran espectáculo hollywoodense, hay muchos que lo exaltan por el lado de la espectacularidad, otros lo cuestionan por haber sido filmado en la zona del Sahara Occidental en Marruecos, zona que está en disputa. Lo real es que es un espectáculo llamativo donde se reflexiona sobre los temas del tiempo, de la culpa y la idea de cómo en el SXXI, en esta época de inteligencia artificial, se puede volver a retomar un mito tan antiguo, tan clásico y plantear una nueva mirada”.