La Copa del Mundo que llegó a su fin en Norteamérica marcó un récord histórico de 23% de los futbolistas presentes, representando a un país diferente al de su nacimiento.
Conocido por algunos como el ‘Mundial de los migrantes’, por ser un fenómeno sociológico y cultural destacado durante el reciente Mundial de Fútbol. Este concepto resalta cómo las selecciones nacionales se han convertido en el reflejo de una era marcada por la migración.
Y hay la posibilidad que, en el siguiente torneo, a celebrarse en cuatro años, el número sobrepase los 289 futbolistas no nacidos en un país al que representaron, pues la FIFA no ha descartado la posibilidad de que se aumente de 48 a 64 las selecciones participantes.
Gerardo Álvarez Escalona, Licenciado en Historia por la UNMSM, quien realizó su licenciatura y doctorado con investigaciones sobre el crecimiento del fenómeno fútbol, recuerda que, si bien los números pueden sorprender, no debería llamar la atención el auge de los mundialistas migrantes. Recuerda que Francia hace casi cinco décadas ya tenía futbolistas afrodescendientes en su equipo, entre ellos Marius Trésor y Gérard Janvion, ambos presentes en Argentina 1978.
“La presencia de muchos migrantes se veía venir desde hace varias décadas, aunque en Sudamérica en menor grado, es muy inusual. La migración es un tema extrafutbolístico, no es una sorpresa que se dé de países subdesarrollados a desarrollados o de países en conflictos bélicos o sociales a otro con mayor estabilidad social y política”, apunta el docente de Ciencias Sociales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
Respecto al hecho de que por primera vez el Mundial se jugó en tres países considera que hubo sus cosas buenas y malas. “Abrió la posibilidad de tener más equipos participantes, se subió de 32 a 48 selecciones, permitiendo que se dieran a conocer jugadores como Vozinha (arquero de Cabo Verde). Nos permitió ver historias épicas de clasificación. Lo malo fue las políticas migratorias distintas entre Estados Unidos, Canadá y México”, agrega.
Para Álvarez Escalona, lo acontecido con el estadounidense Folarin Balogun fue “escandaloso”, pues estando suspendido, se le anuló la ‘roja’ para que pueda jugar ante Bélgica: “Nunca vi nada igual, no hubo mucha bulla porque Estados Unidos fue eliminada sino hasta ahora se hablaría del tema. El fútbol es un negocio y si no se transparenta bien surgen las críticas”.
Vale la pena soñar
No cree que sea una medida acertada que el próximo Mundial se juegue en seis países, España, Marruecos, Portugal, Argentina, Uruguay y Paraguay. Pero ve con ilusión que nuestro país pueda albergar la fiesta máxima del fútbol en unos años más.
“A menos que uno o dos grupos se jueguen en Sudamérica, no veo a equipos moviéndose tan lejos, de un punto a otro. Lo bueno es que en estos países no hay trabas en temas migratorios. Ojalá alguna vez Perú pueda organizar un Mundial de forma compartida”, subrayó.
“Organizar el Mundial, solos, es imposible, con Colombia y Chile es una alternativa. No tenemos infraestructura terrestre o aérea funcional, la capacidad hotelera no es la suficiente y habría que ver si el Estado hace una inversión fuerte. A Brasil le costó en el 2014. Nos juega en contra la organización del Mundial Sub 17 (2023) que se suspendió. A favor hay la buena organización de los Panamericanos 2019 y hay confianza en que los Juegos del 2027 sean impecables”, sostuvo.
Aunque es algo de lo que nadie duda, Álvarez concluye que el Mundial de Norteamérica confirmó que el fútbol está por encima, lejos, de cualquier otra disciplina deportiva. Además, se refirió al fin del fenómeno Messi, quien se retira con un título y un subcampeonato mundial.
“Se van a cumplir 100 años desde el primer Mundial y el fútbol ratifica su supremacía. Messi ya estaba en el podio y confirmó su lugar junto a grandes como Maradona, Pelé, Beckenbauer, Ronaldo Nazario y Johan Cruyff. No me atrevería a decir que es el mejor de la historia, con dos títulos consecutivos hubiera sido otra cosa, pero no se le dio en la final”, finalizó.